El día de hoy tiene grandes recuerdos: la emoción de hacer la carta a los Reyes, la víspera y la falta de sueño de la noche anterior. Pero también el día que murió un poco el niño que yo era.
Invariablemente el 6 de enero mi papá y mi mamá tenían sita con su abogado, o con el doctor o con alguien que les impedía estar esa noche con nosotros.
Pedía mi mamá a mi hermana la mayor que nos arropara para dormir y así lo hacíamos. El despertar con el alba, con el frío de la mañana de enero, dirijirnos a los pies del nacimiento, a ver qué nos habían traído los Reyes Magos. De los regalos que aún recuerdo esta un reloj de manecillas de Mickey Mouse, con el que me enceñé a leer la hora en esos relojes; un carro eléctrico en el que me paseaba, estilo clásico (que para los ochenta estaba en chino conseguirlo), un rompecabezas de Elmer gruñon y Bugs; un rinoceronte, hermoso, muy real, que tenía articulada la cabeza que movía arriba y abajo, en fin, cuando uno es niño es fácil impresionarnos con un juguete, sin importar si es de marca o es el de moda, al menos así éramos los niños de mi generación.
Un 6 de enero, tendría 9 años siguiendo el ritual de cada año, nos levantamos como en otras ocasiones, expectantes de lo que nos habrían de traer los reyes. La sorpresa fue mayúscula al ver que simplemente no había nada. Fue un golpe terrible.
Buscamos mis hermanas y yo y nada. Simplemente ese año no habían pasado por ahí. Parecía como si todo fuera en cámara lenta, no podía ser que no hubiera ni un pequeño juguete. Así pasaron los minutos y ni una explicación. Llegó la hora de ir a la escuela, recuerdo que era jueves, también recuerdo que mi mamá me pidió que no dijera nada en la escuela, pero como todo niño, no pude guardar silencio y cuando me preguntaron rrompí en llonto.
Todos los niños, en el salón de clase comentaban sobre qué les habían traído los reyes, cuando me preguntó a mí la maestra... al decirle que nada no, se me hizo un nudo en la garganta, no aguanté más y sin más me puse a llorar, el silencio invadió el salón, y sólo se escuchaba mi soyosos, que en serio al recordarlo me sigue afectando.
para mis adentros reflexionaba una y otra vez que yo no debía de ser menos latoso o maldoso que mis compañeros o los niños de mi edad, por qué a ellos sí y a mí no me habían traído nada.
Fue tal mi lastimoso llanto que no sé cómo en un momento me encontraba en la dirección y mi mamá estaba ya por mí, un tanto apenada por la escena, su niño llorón por lo que ahora parecería ser una insignificancia, pero no. En mi mente de niño no me cabía en la cabeza que no se hubieran acordado de mí los Reyes. Una señora o maestra, no lo sé bien hizo un comentario sobre los padres desobligados o algo así, en el que mi mamá la increpó y molesta le respondió que no era esa la causa. Nos fuimos a la casa y yo seguía mascuzando el caso y mi madre callada caminando junto a mí.
Antes de llegar decidió pasar por a comprar el atole blanco con Lupe y Estela, nuevamente volvió a advertir que me quedara callado, pero era obligada la pregunta la cual hicieron y yo volví a ponerme a llorar. Ahí mi mamá ya se enojó, pero también entendía, lo sé.
Pasaron las horas y en un momento las muchachas del atole me regalaron, algo, creo que un coche. Por la tarde mi papá me regaló unos tenis Caprice y un Robot que tenía el rostro de Superman, que caminaba y se le abrían un par de puestitas del pecho y salían dos pistolitas que hacían un ruido de balazos, recuerdo que caminaba y daba vueltas. El lunes siguiente la maestra me llevó una pelota que tenía a un pitufo pintado, estaban de moda. En fin, ese año tuve muchos reyes magos, no se si por lástima o por afecto muchas personas me habían regalado algo, lo cual agradezco mucho, en verdad, pero el daño estaba hecho, ese año los reyes no habían llegado y a mí me habían partido el corazón.
Varios años después me enteraría que mis papás tuvieron que afrontar un gasto doble muy fuerte, el nacimiento de una sobrina y el sepelio del padre de esa sobrina. Esa fue la causa por la que en se descapitalizó mi familia y el dinero destinado para los regalos de reyes se había gastado en lo que ahora, pasados los años veo como un gesto de humanidad mayor y celebro lo caritativo de mi papá. Pero también creo que era imperante tratar de hablar con esos niños, mis tres hermanas y yo y explicar que ese año no habría regalos.
No sé… lo recuerdo y no deja de causarme estujarme el alma, al grado de ponerme aun a llorar. También sé que habrá alguien que considere esto vanal por que sus carencias fueran mayores, pero cómo le explicas a un niño que en lo que cree, se rompe así como si nada, sin una sola explicasión. En los siguientes años hubo reyes, pero nunca volví a ver este día como una fiesta, siempre existía la sosobra de que esa experiencia se repitiera.
Sé que sería muy fuerte decir que ese día perdí la inocencia, pero lo que sé es que yo no volví a ser igual, algo del niño que era murió un día como hoy. No sé si antes en este blog había escrito algo sobre este tema, si es así es producto de la fijación que tengo a este respecto. Es todo lo que tengo que decir al respecto. ESTAMOSENCOMERCIALES
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