Hace un momento, así de la nada me llegó un recuerdo muy vívido: Yo llorando como un niño desconsolado en las escaleras del Teatro Juárez. Junto a mí un amigo que buscaba palabras para traerme a la cordura.
Me gustaría que éste fuera el recuerdo de un sueño, aunque ahora que regreso la mente atrás, eso es lo que parece, un sueño, una visión nublada por las lágrimas, ojos llorosos que ven el deambular de transeúntes que se cuestionarían para sí o entre ellos que haría llorar a un hombre con tanto dolor y angustia. Esta fue una escena de los primeros días de abril de hace unos tres años, días posteriores a mi cumpleaños, en el afther de una comida a la que me invitaron.
A la distancia me hago una pregunta, porqué lloraba tanto, a qué o a quién le lloraba así. Desde hace mucho tiempo y las contadas personas que han estado cercanas a este proceso me han preguntado porqué no dar la vuelta a la página y continuar y yo me aferro a decir que ya está transcurriendo, que es un proceso el cual voy transitando, así, lento, con la parsimonia de la vida misma.
Desde ese mismo momento no le lloraba a la persona que ya no estaría, ni a lo que hubiera hecho o no. El llanto era a la vergüenza de lo vivido, al daño que me estaba haciendo aun en ese momento, pues transcurrirían cerca de 10 meses en poner distancia y alejarme de forma definitiva de esa experiencia.
Se le llora a uno mismo, en una suerte de duelo en el que el tendido es uno, el defraudado es uno, el que ocasionó todo el mal, así como el autor del bien, es uno. YO
Por momentos llegan a la mente este y otros episodios. Para no ir más lejos: hace unos domingos, al venir en un autobús, vi una persona agredía a otra persona y en la trama se suponía que eran pareja... no dejé de ver la película, pero me trastocó, confieso que aun quedan secuelas.
Cuanto tiempo pasará, no lo sé. Así como ayer en FB dije que me invadía una euforia de procedencia extraña, efecto que aun conservo, también afirmo que por momentos me sumo en los pensamiento tratando de encontrar respuestas a lo que permitió que me envolviera en esta vorágine de acontecimientos, de los cuales yo fui el arquitecto y el dañado.
Hoy, a la distancia me queda el no haber estado solo en ese momento, que esa persona que me brindó su hombro en ese momento sigue con migo y quien no tenía que estar ahí, simplemente ya no está. Gracias Roger, en estas líneas te rindo un homenaje por ser mi amigo y vivir este duelo con migo y por escucharme hora tras horas de la misma e incansable plática. Sé que aunque solo estoy, no estoy solo!
La vida seguirá y yo en ella, aquí nos seguimos leyendo, mientras tanto ESTAMOSENCOMERCIALES
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