noviembre 08, 2016

Ernesto

Tres vocales fuertes E E O. Más que una palabra suena como una orden: golpea, lacera, ese es mi nombre.
Honesto, me dijo un filósofo, significa honesto en germano: mi amigo germano, refiriéndose a un filósofo alemán de nombre Ernesto.
Yo soy el segundo Ernesto de mi familia, el primero es mi padre, que lo recibió porque mi abuelo le quería tributar un reconocimiento al mejor de sus amigos, un alemán apellidado Kilian, Ernesto Kilian.
Durante mi infancia, este nombre me daba orgullo, uno muy tonto, durante mi etapa escolar, incluso en el posgrado, nunca coincidió que hubiera otro Ernesto. En la preparatoria, sólo fueron unos instantes, el mismo día de inicio de clase recibió la  notificación del cambio de salón. Cerca la bala.
Ayer fue mi santo, cumpleaños de mi papá, quien nació el día que se venera a San Ernesto Obispo, un santo de origen alemán. No le llamé papá felicitarle, a mi papá, no al santo.
Apenas la noche previa recordaba, mientras sorbía una cerveza, que él es uno de los autores de mis traumas vitales, y cómo, para mi infancia, tenía la magia de llevar mi día genial en uno infernal. El me decía que era yo con mis actitudes. Debía ser, yo sólo tenía 6 años.
La relación con mi padre no podría ser mejor. Le admiro y quiero, pero a pesar del tiempo, hay cosas con las que no puedo, y eso me hace estar lejos. Le quiero, pero también lejos. Quizá sea por que somos tan parecidos.
Entre las cosas que recordaba el pasado domingo, es que algunas enfrentatas que tuve con él, le había llevado a una confrontación tan orgánica que incluso lo había hecho llorar, no eran las malas palabra, ni gritos, pues nunca las hubo, no de mi parte, pero el debatir y confrontar con conceptos, ideas y al verse rebasado por un niñato de 17 años, simplemente se puso a llorar. No me enorgullezco, pero fue así.
Recuerdo que entre sollozos me dijo que a él le habían hecho su infancia un infierno y que su tarea principal era evitarnos que nosotros padeciéramos lo mismo. Horadé más la herida: le dije que lástima, no lo había logrado.
Él es el hombre con quien más a gusto platico, y le siento cómodo hablando conmigo. Hablamos de mucho, pero poco de nosotros. Sus temas de autoconocimiento, de la causa máxima del ser, de hombre y sus distintos planos, esos temas lo solazan. Los míos son el raciocinio y lo tangible, pero no puedo negar que hay puntos de unión entre su estructura mental y la mía, soy cuña de ese gran tronco.
Me llamo Ernesto y es gracias a él. Su máxima herencia es el amor al conocimiento a través de la lectura. Soy su máxima creación y él lo ve y por sus amigos sé del orgullo que siente por mi que hacer. He tenido la oportunidad de, mostrándole la impresión de mi nombre en alguna de mis publicaciones, decirle: Y también tu estas ahí, pues ahí estas tú.
Ernestos somos, y eso me llena de orgullo, al menos de mi parte no hay un tercero, en línea directa. Al respecto he dicho, no quiero un pince Ernestito que me eche en cara mis hierros.
EstamosenComerciales
      


noviembre 03, 2016

Sentimientos encontrados

No exagero si digo que las últimas semanas han estado plagadas de situaciones contrastantes en muchos sentidos. Lo mismo alegrías infinitas, momentos de simplemente quedarse dormido o buscar esa situación, instantes de mucha acción, una vorágine que, como su nombre lo indica, llega y te deja dando vuelta en un solo pie.
Lo bueno, es que alguien confía en mi, lo malo, es que yo o tanto.
Una acción que me llena de satisfacción, es el que la gente me tenga en estima y me lo haga patente, me emociona y al mismo tiempo me da miedo.
Al entregar el nuevo producto, es importante sabes que el trabajo en conjunto fue el mejor, yo no sé si cumplí al 100%, pero es una realidad. Antes no hacía patente mis molestias y frustraciones y ahora, al parecer es más común hacerlo y esto de cierta forma me molesta, pues la gente podría pensar que yo soy así y la verdad es que no lo es tanto.
Desde hace mucho tiempo, digamos que desde que inicié mi vida pública, he tenido esa sensación de provocar que la gente me cargué más responsabilidad de lo normal y me involucro en empresas en las que por momentos siento que me rebasa, y quizá así lo sea, más debo crecerme y hacer que la magia suceda, pero cada vez soy mas consiente que no todo depende de mi.
Entonces ese debe ser mi super poder, Lograr que la magia suceda, pero en comunión con un solvente grupo de profesionales.
El reconocimiento, es otra de las cosas que me gustan, más, como lo mencioné líneas arriba, me hace pensar que no soy yo o al mismo tiempo, sentirme no merecedor y en una tercera vía, me obliga a reflexionar en cuál es la idea que la demás gente tiene de mi:
En enero de 2007, debí hacer mía la parábola de las dos vacas, vendí una y la otra la mate para hacer una comilona y aun así la gente se preguntaba qué es lo que yo hacía, dónde estoy o qué es lo que hago para vivir.
Son algunas de las reflexiones que me deja al haber entregado el más reciente producto, ahora en el formato de exposición de libro, documento y pintura del siglo XVIII. se dice fácil, pero en verdad es una gran responsabilidad a cuestas, pues la inseguridad te hace cuestionarte y cuestionar  si lo que haces es lo mejor.
La verdad la respuesta esta en quienes ven y al mismo tiempo yo ensayo mi propia respuesta... al tiempo, mientras tanto #EstamoaenComerciales