
Toda acción es consecuencia de una reacción o algo así reza la frase. A toda hora vivimos remando contra la corriente, conciente o inconcientemente, aferrados por que las cosas pasen, aunque estas no deban ocurrir. Ahora me encuentro furioso y apesadumbrado y es la reacción de una cadena de sucesos los cuales desde un inicio estaban mal planteados.
En los próximos cincuenta renglones y quizá quince minutos podría ponerme a narrar con pelos y señales cada uno de esos momentos que me arrojaron a este estado de furia contenida que al paso que lo voy escribiendo se convierte en infelicidad y pesar y como siempre sucede el que la pagó no fui yo… sino mi Gato.
Hace uno días escuche que las historias deberían contarse desde el final y es lo que ahora haré que en lo verdaderamente relevante y lo que ahora martiriza mi cerebro.
Llegue de León, abro mi estudio y se despide un hedor, el gato se había quedado dormido dentro y había obrado dentro de este. Ha limpiar se ha dicho… pero me di cuenta que no solo era el piso, sino un cúmulo de copias fotostáticas de documentos, los cuales no había pelado por meses y ahora los moví de lugar y los coloque sobre el sofá, donde el gato también hizo una gracia.
El limpiar un pastelillo de mi gato me enmuina (sic), pero lo de los documentos no tiene nombre…, por ello me di a la tarea de perseguirlo con un trapo, lo cual sólo conseguí un par de ocasiones sin mucho éxito. Luego se refugio en su lugar y ahí fui y lo molesté ahora con un tuvo e hice que corriera nuevamente.
Aun enfurecido fui a sacar los papeles y a separar los mojados de los menos mojados, los cuales deberé llevar a que fotocopies con la pena de que huelan a gato… pero ya con la mente más fría, me doy cuenta que, como siempre, el de la culpa fui yo.
Claro, por las prisas no me di cuenta que el gato se quedó dormido y por consiguiente ¿dónde más quería que hiciera el gato? Claro, el de la culpa fui yo, pero como debe ser la achaco al “otro”.
Ahora llené el tazón de alimento del gato…puse agua limpia y él no salió. Debe estar muy asustado, pues nunca le había metido tal corrediza. No me justifico, pero tampoco el tiene por que entender que
lo que hace trae consecuencias. Ahora me encuentro más preocupado que molesto. Asustado… cuánto tardará el gato en perdonarme…
No lo se, pero debo hacer méritos, lo cierto es que mañana apestará la casa a gato, esperaré a que sequen las hojas y a fotocopiar.
Sentimiento encontrados, metas no cumplidas, la vida sigue y por lo pronto
ESTAMOSENCOMERCIALES

