Hace ya algunos ayeres tuve un sueño. En éste yo iba en un vehículo, o algo que me hacía moverme con una cierta velocidad, el lugar en el que me desplazaba era una avenida en la que podía ver sobre ambas aceras aparadores comerciales, espectaculares comerciales y equipamiento urbano, mucho cristal de piso a techo. En el centro de la avenida un camellón en el que yo advertía la presencia de un arbusto corrido, parecía que, al menos en el tramo que vi en mi sueño, este no tenía retorno. Todo era plácido en mi sueño, no recuerdo hasta ese momento algún sobresalto o excitación alguna, simplemente me desplazaba y ya, pero llegaba un punto en el que mi corazón latía de sobre manera, y ahora al recordarlo lo vuelvo a vivir…
En otros sueños tengo dos imágenes recurrentes: una ola que viene de la parte de atrás de la casa en la que nací. Salgo de una habitación, volteo hacia atrás y sin más se ve la cresta de una ola que se en instantes se apostará sobre el patio de los limones. Otra imagen recurrente es la lluvia, de esa que no moja pero es incisiva. Yo camino bajo la lluvia y luego llego a un punto donde hay un gran arco que me protege de la lluvia, pero al voltear hacia arriba, un pánico me paraliza, un miedo me inunda al no poder voltear a ver lo que me cubre. Es inmenso y no se si eso sea lo que me causa un inenarrable terror.
Viene al cuento estas dos imágenes y la del sueño que he comensado a detallar, pues el punto en el que me sobresalto, en el sueño donde viajo en una gran avenida, mi pulso se agita es cuando llego junto a dos esculturas de dos elefantes ricamente ataviados. Dos elefantes que al modo de cariátides flanquean ambos lados de la avenida en la que yo transito. Pero justo al llegar a este junto a ambas esculturas de gran tamño, mi cuerpo se paraliza y tiene un espasmo de terror y angustia. No sé qué sea, si su tamaño, su realismo o qué… lo cierto es que el día que soñé esto me levanté con mucho miedo.
De la fecha de este sueño, no tengo la menor idea, pero sí del día que lo recordé vívidamente.
En el mes de marzo de este año que fenece, Mi amigo Armando y yo fuimos a Tijuana. Él fue al otro lado a efectuar algunas compras mientras su amigo Roy y yo paseábamos muy cerca de la frontera, en lo que el buen Armando retornaba al lado Mexicano. Pues bien, caminábamos en un barrio que colinda con la línea divisoria cuando Rogelio recuerda que cerca del puente había una casa que fue utilizada como un túnel para contrabandear estupefacientes. Después de que terminaron las investigaciones y las autoridades entregaron la casa a su dueño, éste, abogado y pensó en intervenirla y de ella hacer un centro cultural con caracter bincional. El proyecto se llama la Casa del Tunes y da cobijo a proyectos culturales de ambos lados de la frontera. Galería, café y una estupenda vista de esa parte de México, una que colinda con el lado Americano.
Pues bien, llegamos al lugar y pudimos conocer a sus dueños y a un grupo de artistas californianos y mexicanos, quienes venían de realizar una intervención que los llevó a enfrentarse a la autoridad… llegaron un poco asustados, pero gustosos de la experiencia. Supimos que en ese día se desarrollaría una segunda intervención. Ari, explicó en inglés y españo
l sobre lo que trataría la instalación. Salimos a la calle y nos dirigimos a un mercado de comida donde la mayoría compró burritos. Luego llegamos a una isla, un gran camellón y nos sentamos, los que com
praron comida comieron y todos leímos.
Algo me hizo que de forma abrupta recordara aquél sueño de los elefantes… caminábamos por entre locales donde vendían comida, vimos una avenida y justo cuando volteo a ver los muros que sostienen un puente encuentro la pintura de dos grandes elefantes ricamente ataviados, que forman parte de una caravana que se supondría va por el desierto. El pavor me invadió, el su
eño se me reveló, volví a vivir y ver, pero ahora desierto las imágenes que formaban parte de una experiencia onírica. Los elefantes.
De qué estas hechos los sueños: porqué tenía que ir a Tijuana; porqué tenía que haber ido a la Casa del Túnel; porqué tenía que haber acompañado a ese grupo de artistas; porqué tenía que llegar hasta ese puente; porqué tenía que estar ahí, justo ahí. No lo sé y ahora que lo recuerdo una emoción me invade, pues lo cotidiano es que llegues a un punto, después de un micro evento que hace pensar que ya lo habías vivido, un dejabou. Así nada más. Una instantánea que te pasa el cerebro y que tú de alguna forma identificas, pero razonablemente no sabes la raíz.
Porqué si hay una conexión directa entre el sueño y las imágenes que vi en esos dos murales. Quién me ha jugado esa broma. Cuantas fichas debían moverse en ese juego cósmico que permitieron que al mundo onírico y el real convergieran al punto de estremecerme tal y como ahora lo estoy.
No lo sé.
Miedo a lo no conocido, Miedo a lo que provoca que las cosas que te tendrían que llegar no te llegan; o las cosas que te tienen que pasar… no te pasan, en una palabra: miedo a todo lo que sale de tus manos y no puedes controlar, algo así como las aves.
Ese fue el contexto del sueño y ese el contexto de la revelación de Tijuana. En Tijuana dos muros decora
dos con elefantes ricamente ataviados que flanquean una avenida, pero en esta ocasión yo estoy despierto, o eso creo, viendo hacia un lado y otro sin dar crédito a cómo es que la vida te pone en el lugar donde tú debes estar. Esto es escrito a tres minutos de que inicie el nuevo día. A tres días de que el año termine, y con él la primera década del siglo. Algún momento dije en este mismo BLOG que antes que terminara el año hablaría de los elefantes y ahora me lo cumplo. Una de las experiencias más escalofriantes, reveladoras y liberadoras de mi vida.
Tengo más dudas que certezas. No tengo explicación alguna ESTAMOSENCOMERCIALES.






















.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)

.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)





