
[…]Como duele crecer, lo que cuesta aprender, santo cielo lo que hay que andar. El camino de ayer, hoy lo vuelvo a inventar y mañana vuelta a empezar.
[Nana Luna, 1983, Bosé]
No quiero asociar mí actual estado de ánimo sólo a la proximidad de mi cumpleaños, ya que muchas cosas han ocurrido y la suma de estas bien pudiera ser que ahora no lo esté pasando tan bien anímicamente hablando.
Sabe quién me conoce que no soy un fulano con la lágrima fácil, de esos que se quejan sólo por vicio [La del pirata cojo, Sabina, 1992], aunque tengo ya un buen rato que sólo yo, la Aristegui, Juanito y el peje nos quejamos. También sé que esto que ahora siento [domingo a las 11:48 a.m.] no es algo que es constante en mí, más sé que todos tenemos un lado tristón, meditabundo, reflexivo, etc., pues también tengo un lado que es dicharachero y con un humor negro cargado de socarronería. Digamos que es un alto y por ningún motivo un grito desesperado que me tenga al borde de cortarme las venas con un chorro de agua.
El pasado miércoles alguien pasó y me vio pensativo, su comentario al respecto fue, ¡esta triste!… esto se ha venido repitiendo por varias semanas y se ha manifestado ya en anteriores ocasiones.
Valdría aclarar que mi rostro no es el más feliz. Nunca una eterna sonrisa. Cuando he asistido a actividades de índole, deportivas, artísticas o sociales, siempre estoy expectante, asimilando lo que está pasando alrededor mío y mi rostro se torna adusto. He llegado a sentir la incomodidad de las personas que me rodean pues creen que no lo estoy pasando bien, que no estoy divertido, pero no así soy yo, quizá alguien me extirpó mi huesito feliz [tomado de los Pitufos].
Siguiendo con las actitudes que tomo, hacia finales del año pasado, me dijeron que era “bipolar”. Esto fue muy fuerte, pero creo que no... no soy bipolar.
Esto más bien lo atribuyo a algo que llamaré eL SíNDromE dE Ernesto.
Una amiga psicóloga [juro que fue en un café y no en terapia –explicación no pedida, culpabilidad manifiesta-] después platicar y comentarle cómo me sentía, asintió que estaba viviendo algo que se reconoce como el “Síndrome de Ulises”, el cual está asociado a los migrantes, su avatar para llegar a un lugar donde les iría mejor y su desesperación por volver a su lugar de origen después de no haberla pasado tan bien.
Esto, según me explicó, sería lo más cercano a lo que ahora yo estoy viviendo, pues si bien llevo ya varios años viviendo en un lugar que no es donde yo nací, ni donde están los míos, ahora empezaba a sentir algunos estragos entre otras cosas por no cumplir las expectativas que en un principio se habían trazado, por lo que mis sentimientos estaban trastornados y de ahí una sensación de vacío.
Yo escuche atentamente sus conceptos sobre lo que ella creía que me estaba pasando y le doy la razón en algunos puntos. Inevitablemente uno crea expectativas respecto a su forma de vida y cosas así. También es cierto que nos da por hablar de la libertad cuando estamos en el cautiverio o añorar la salud cuando estamos enfermos, de otra forma no llegaríamos a esa profundidad sobre temas a los que nunca nos aproximaríamos. Esto es que si no me siento tan bien, lógicamente pienso en la forma como me gustaría estar.
Así pues, pocas veces he aceptado abiertamente que me siento mal, como ahora, y en lugar de resolverlo compartiéndolo con mis amigos me encierro y así, en soledad, trato de recomponerlo. Pero creo que nunca como ahora se me había notado tanto.
Ahora me gustaría seguir creciéndome al dolor y sonreír pese a lo que siento, pero no. Tampoco tengo una respuesta a esto ni una solución. El origen del mal es interno, cuentas por cobrar tuyas y sólo tuyas. Suena egoísta, pero en el fondo no creo que sea así.
En resumen sé que el origen de todo es el silencio: el no decir, no reclamar, no pedir, no compartir, no tomar, no optar, no actuar. No sólo un silencio de palabra, sino también de acción. Está en nuestra naturaleza, todo en aras de no molestar.
Este Ulises sigue y seguirá su marcha, quizá sea también parte del consto beneficio de la importancia de llamarse Ernesto. ESTAMOSENCOMERCIALES.
[…]Naufrago en el mar de tu identidad… hundiéndome.
[Ma Keen Dawn, 1983, Bosé]