agosto 30, 2011

Agosto

En unas horas terminará el mes y en verdad no quieciera que llegará a su fin.

Agosto se ha convertido en un mes de contraste, el año entero se ha convertido en inolvidable, pero en particular este mes me ha dejado grandes enseñanzas.

El día de ayer, platicando con mi amigo Jorge, me decía que de tanto invocar algo malo ésto se pueden cumplir: la frase dice más o menos "ten cuidado de lo que pides, pues se te puede hacer realidad" y, bendito sea Dios, no se me hizo realidad, pero sí fue muy cercana y dolorosa la experiencia.

Una de mis más reiteradas pesadillas es perder lo dientes y pues poco a poco los he estado perdiendo, uno en un viaje que nunca hice y de una forma que tampoco he externado y los otros en una salida que no existió. Sí, así soy yo de misterioso, ya me lo dijo Sarah.

Pues en fin, más allá del aspecto físico o de las molestia acarreadas por accidentes, mi alma se está restableciendo; mi ánimo se recupera, ahora veo las mismas cosas de forma distinta y mi fuerza de voluntad llega a niveles que hace ya ocho meses no identificaba; lo más importante es que retomo prioridades, donde al inicio estoy yo y no se lea esto como egoismo, me hace falta y lo asumo.

Agosto me deja varias enseñanzas, la idea no es enumerlas aquí, pues caería en un ejercicio irreal de propócitos de año nuevo y de eso no se trata. He tomado mi vida por el frente y pago los costes (sic) de lo que hago.

Me gusta que la gente me diga que me veo bien, me gusta el giro que tiene mi vida y lo más importante es que yo me siento bien y creo que es lo que se refleja. Ahora sólo es cuestión de consilidarlo. Esta es una de las enseñanzas de agosto y es por ello que no me gustaría que terminara...

Ya no quiero ser más esa sombra que se dibuja cuando la luz se inclina, quiero ser una imagen nítida, una relidad y sentir que estoy vivo... ESTAMOSENCOMERCIALES!

agosto 28, 2011

Incendies/ la mujer que cantaba

El respeto a cumplir una promesa, lo azaroso de la vida y el celo con el que se guarda un pasado que habita en las entrañas de una persona son los ingredientes de una película que estremece al ser desmadejada su trama.


Desde hace varios meses escuché y leí sobre la puesta en escena de una obra de teatro llamada Incendios, (Escrita por Wajdi Mouawad y dirigida por Hugo Arrevillaga, 2011), en la que se hacía una oda a la puesta en escena por la sobriedad de la escenografía, lo soberbio de los actores, pero sobre todo por la historia, la vida de una mujer en plena guerra, donde las pasiones más bajas se justifican por el odio a secas, a lo que sea, se entretejen dos historias de amor que, como en la vida misma, tienen el más inesperado final.


La mujer que cantaba es el título de una película basada en la obra de teatro antes aludida y que ganó el Oscar en la categoría de mejor película extrangera... justo ese: la mujer que cantaba fue el apodo que se ganó la mujer en la que se basa la película, ella balbuceaba algunas tonadas o canciones para abstraerse de su realidad…una vez que su realidad, la que venía pensando durante toda la vida se le rebela ella calla para siempre hasta la muerte. Muere en silencio, pero todos la recuerdan como esa mujer que cantaba, no de alegría sino un cantor que le impedía, ante los otros doblegarse, aunque quien sabe cómo se sentiría por dentro.


Una mujer que al igual que muchos y muchas optó por una ideología y sus convicciones en aquellos aciagos años sesenta y que tuvieron que abandonar todo en el viejo oriente para refugiarse en América, libres de sus persecuciones pero vivos sus demonios internos, esos que por más que uno ponga tierra de por medio no se van y antes bien van creciendo al grado de congelarnos del miedo.


Desde hace varios meses me he estado quemando por dentro dado a una serie de acontecimientos, algunos públicos y otros no tantos. No sé si esa misma situación me hizo no caer en la catarsis de la que hablaron la mayoría de las críticas, incluso fue por momentos predecibles, sobre todo el final…


En fin, es una película que resulta entrañable, pues al final lo de menos es saber qué pasó con los personajes, se plantea al final un tablero de ajedrez complicado, en donde el qué pasaría sí se apodera del espectador, pero al correr de los créditos uno entiende que los rencores de antaño o los más recientes son derribados ante la imperiosa realidad. Cuando la situación dada no presenta posibilidades lo menor es retirarse del juego y dejar que el destino siga su marcha. No sé si esto tenga que ver con la película, pero sí con lo que me despierta la movie, basado en mis propios incendios.


Si pueden venla, es altamente recomendable… ESTAMOSENCOMERCIALES