
Este título lo pensé hace unas horas, cuando decidí compartir las siguientes reflexiones.
1) Al referirme a los “pollitos” hago alusión a una de mis fobias, los plumíferos de cualquier especie. He de confesar que durante varios años ya me ha mantenido ocupado lo que puede provocar dicha patología en mi, pero más la noche de anoche que, sin sentido aparente, me agobió un ataque de ansiedad provocado por haber tenido desde temprana la noche, una fijación hacia esos nerviosos animales que incluso me provocó pasar buena parte de la noche con la luz prendida. En resumen, miedo.
2) Otra manera de hacer referencia al título lo provocó el que después de seis tasas de café, no descafeinado, siempre me provoca un sentimiento de euforia-depresión combinado que tiene como síntoma inequívoco un leve temblor parecido al que experimentan los “pollitos” cuando los toman manos ajenas, nerviosismo producto del miedo. En resumen… miedo.
Miedo fue un tema que me ocupó en días anteriores (y que producto del miedo, borré sin publicar) y ahora, nuevamente, producto del café vuelvo a sentir, pero ahora diferente. El ejercicio de hablar la vez anterior de lo que me despertó el hablar del miedo ha sido el acicate para que en esta ocasión lo viviera de forma diferente. Hoy si tengo esos sentimiento encontrados, pero estoy más asentado. Siento ese escalofrío del vértigo, pero lo estoy controlando, pues entiendo lo que siento, quizá porqué estoy consiente de que lo iba a experimentar. Por ello es que hoy me provoca reflexionar, pero también tomarlo con filosofía, lo cual en ningún sentido significa evadir esos pensamientos, sino que conozco el origen que los detona y la sustancia que los exponencia… El café.
Por ello es que hoy lo que dicen los pollitos es… MASITA
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