
La imagen que tengo de ese día es el pasillo que separaba la sala de la cocina, yo y mis hermanas sentados en un sillón de bejuco, y una mujer vestida de blanco con una valija negra. La voz de mi hermana diciendo: ahí traen a mi hermanito. Era el 24 de julio, pero de 1978, el día que nació Roberto Isaías, mi hermano menor.
Él es el menor de seis hermanos, y el segundo hombre, después de mí, claro. Al regresar en mis pensamientos, poca información tengo del proceso en que mi mamá esperaba a mi hermano, sólo una discusión e incluso una apuesta de si sería niño o niña. También tengo presente su bautizo y de ahí... no se me olvida ese michacho! Lógico es pensar que mis hermanas quisieran tener una hermana, pero yo desde un inicio quería tener un hermano varón.
No creo haber sentido alguna vez celos por el nacimiento de mi hermano, al manos no lo recuerdo, pues si tengo claro el día que nació, creo haber sentido los días subsecuentes, pues yo tenía 4 años.
El tiempo pasó, nuestro crecimiento fue en verdad difícil, conforme forjábamos nuestro carácter una serie de severas fricciones y enfrentamientos hicieron que yo saliera de casa. Por lo general yo regresaba los fines de semana a León y mi hermano se levantaba temprano a trabajar. Un buen día él me invito a acompañarlo… desde ahí comenzó un hermosa amistad: reencontrarme con mi hermano, ya los dos con una mentalidad diferente. Un buen día me dijo que se casaría.
Ahora, no sólo lo tengo a él, sino a un par de sobrinos extraordinarios que son su vivo retrato, incluyendo lo inquieto que lo caracterizó en la infancia.
Gracias mamá por darme un hermano como él, felicidades Bebé por ser mi hermano, estamosencomerciales!
