abril 24, 2016


Sentimientos

La escena es simple, un hombre que trae un perro mastín napolitano, se aproxima a otro. El hombre que trae al perro lo trata de tranquilizar, pues el perro se muestra eufórico: mueve la cola y trata de aproximarse tímidamente al otro hombre.
Al final perro se sienta y ve fijamente al otro hombre, quien le mira con un desdén.
Saluda al hombre del perro y éste le pregunta como lo vé.
El hombre que simplemente observa, con un dejo de desdén al perro, pero se vé una acitúd contenida.
Sólo dice... bien.
Me distrae el llanto de un niño.
La escena está completa. El perro era originalmente del hombre que poco vio al perro, pero que se negaba el voltear a ver a su mascota, quien aun lo reconocía, pero quizá entendía la situación o simplemente en su cerebro algo le recordaba y de ahí la demostración de efusividad.
El hombre que lleva al perro se despide, con la misma discreción con que saludó y desaparece entre la gente.
El otro, simplemente se seca una lágrima.
#EstamosenComerciales