con mucho cariño, para un gran amigo...
Hace unos momentos intentaba recordar cómo es que te conocí.
Nunca me he preciado de tener buena memoria, aunque debería, o tengo demasiada
basura en mi cerebro y esa sería la perfecta excusa para decir que esos recuerdos
son los que me impiden tener más a la mano otro tipo de recuerdos.
En un inicio creí que la responsable de eso fue la maestra
de ciencias sociales Margarita Yepez, quien nos unió en esa mancuerna de la
Sociedad de Alumnos en 1989. Pero luego vino a mi mente el Club de Laboratorio,
con la Maestra Aida Cano Mancio (de quien ahora se me escapa su apodo, que
estoy seguro tenía) donde también coincidimos y creo que eso fue entre primero
y segundo de secundaria. Tengo muy presente un sábado que llegaste cantando el
estribillo de “cinco minutos” de Pandora, no dejaste de cantar en esa sesión de
laboratorio esa canción.
Segundo de secundaria fue un momento definitorio, pues ahí fusionaron
los grupos de taller y yo pasé del ”D” al A y creo que tú del A al “C”, y esa
unión entre el grupo de asignaturas y el grupo de taller creó lazos entre
personas que conocíamos en común. Recuerdo gratamente a Ivon, Roció, Rocío la
Güera, Coco, Laura, Claudia, en fin, gente con la que coincidimos no por ser de
un taller, o de un grupo, sino porque había algo en común.
Definitivamente te recuerdo los domingos en el mercadito… ya
luego sabría que quedaba relativamente cerca a tu casa y luego ya haríamos esas
jornadas “de a pie” desde el cerro de las mandarinas hasta tu casa y luego yo
haría el resto del trayecto hasta el centro. De cuantos temas no hablábamos.
Luego esas marchas se extenderían hasta el centro y también
ahí, cuál si fuéramos pequeños adultos, tocábamos cada tema, con una gran autoridad
que hoy yo pienso: cuanta osadía. Pero para cada tópico había una opinión, y
según recuerdo, no eran herradas. Qué pensarían de nosotros quienes hubieran
escuchado lo que comentábamos.
Una amistad que se fue cultivando en tres años, de 1987 a
1990, en la edad que apenas estas direccionando tus ideas y conformando una
personalidad. Cinco lustros y un poco más ha de aquello. Ya una vida que por la
vida misma y sus avatares el coincidir se hizo difícil y así como inició se
diluyó. Aún recuerdo esa tarde cuando me dejé inmolar (rapar), en la casa de
Laura, previo a mi entrada a la EPL, lugar donde coincidiríamos, pero ya en
generaciones diferentes y con saludos esporádicos.
A unos años de que lleguen las tres décadas de que nos
conocimos, quiero hacer esta relación de hechos en los que, con encuentros y
desencuentros, sé que aquí estamos, como los “niños cerebrales” que éramos y
como los adultos con ideas de avanzada que ahora somos. Me congratulo que de la
vida me haya dado la oportunidad de ser tu amigo desde que fuimos niños y que,
después de tiempo sigamos sabiendo uno del otro y a la distancia sepamos en lo
que estamos y lo que hacemos.
La vida sigue y no queda más que seguir, pero esta tarde
quería hacer un alto y con estas líneas hacerte un homenaje, antes de que
termine el mes de Mayo, el mes que te vio nacer (recuerdo que fue el 26 0 27)… Pero
nunca es tarde para hacer un homenaje a Mario Pérez Mireles, al ser humano, al
padre, pero sobre todo al niño que aun sigues siendo.
Un abrazo y muchas felicidades por lo que has construido.